Sentido-Acontecimento / Expressável – Atributo / Proposição – Coisas

Tercera Serie,  De la Proposición

El sentido
es la cuarta dimensión de la proposición.

Los estoicos la descubrieron con el acontecimiento:
el sentido
es lo expresado de la proposición,
este incorporal en la superficie de las cosas,
entidad compleja irreductible,
acontecimiento puro que insiste o subsiste en la proposición.

Por segunda vez en el siglo XIV,
se hizo este descubrimiento en la escuela de Ockham,
por Gregorio de Rimini y Nicolas de Autrecourt.

Una tercera vez, a fines del XIX,
por el gran filósofo y lógico Meinong.   8

Hay sin duda razones para estos momentos:

hemos visto que el descubrimiento estoico
suponía una inversión del platonismo;

del mismo modo, la lógica ockhamiana
reaccionaba contra el problema de los Universales;

y Meinong,
contra la lógica hegeliana y su descendencia.

La cuestión es la siguiente:
¿hay algo, aliquid,
que no se confunde
ni con la proposición o los términos de la proposición,

ni con el objeto o estado de cosas que ésta designa,

ni con la vivencia, la representación ola actividad mental
de quien se expresa en la proposición,

ni con los conceptos, o ,incluso las esencias significadas?

El sentido,
lo expresado de la proposición,

sería entonces irreductible

a los estados de cosas individuales,
y a las imágenes particulares,
y a las creencias personales,
y a los conceptos universales y generales.

Los estoicos supieron decirlo:

ni palabra,
ni cuerpo,
ni representación sensible,
ni representación racional   9

E incluso puede que el sentido fuera «neutro»,
completamente indiferente
tanto a lo particular como a lo general,
a lo singular como a lo universal,
a lo personal y a lo impersonal.

Tendría – una naturaleza completamente diferente.

Pero ¿es preciso reconocer una instancia tal, suplementaria;
o debemos arreglárnoslas con las que ya tenemos,
la designación,
la significación
y la manifestación?

(1 OK – NOK Logicismo)
En cada época se reanuda la polémica
(André de Neufchâteau y Pierre d’Ailly contra Rimini,
Brentano y Russell contra Meinong).

Y es que, verdaderamente,
el intento de hacer aparecer esta cuarta dimensión
es un poco como la caza del Snark de Lewis Carroll.

Puede que sea la caza misma,
y el sentido sea el Snark.

Es difícil contestar a quienes quieren bastarse
con palabras,
cosas,
imágenes
e ideas.

Porque ni siquiera puede decirse del sentido que exista:
ni en las cosas
ni en el espíritu,

ni con una existencia física
ni con una existencia mental. ¿

Puede decirse al menos que es útil,
que hay que admitirlo en razón de su utilidad?

Ni siquiera,
ya que está dotado de un esplendor ineficaz,
impasible y estéril.

Por ello décimos que de hecho
no puede ser inferido  sino indirectamente,
a partir del círculo al que nos arrastran las dimensiones ordinarias de la proposición.

Solamente hendiendo el círculo,
como se hace con el anillo de Moebius,
desplegándolo en su longitud, destorciéndolo,
la dimensión del sentido aparece por sí misma
y en su irreductibilidad,

pero también con su poder de génesis,
animando entonces un modelo interior a priori de la proposición.10

La lógica del sentido está enteramente inspirada por el empirismo;
pero precisamente sólo el empirismo
sabe superar las dimensiones experimentales de lo visible
sin caer en las Ideas,
y acosar, invocar, y tal vez producir un fantasma
en el límite de una experiencia alargada; desplegada.

(2 OK – NOK Fenomenologia)
Husserl denomina a esta dimensión última
expresión:
se distingue de la
designación,
de la manifestación
y dé la demostración.11

El sentido es lo expresado.

Husserl,
no menos que Meinong,
reencuentra las fuentes vivas de una inspiración estoica.

Cuando Husserl se interroga,
por ejemplo,
por el «noema perceptivo»
o «sentido de la percepción»,
lo distingue a la vez del objeto físico,
de la vivencia psicológica,
de las representaciones mentales
y de los conceptos lógicos.

Lo presenta como un impasible,
un incorporal,
sin existencia física
ni mental,
que ni hace ni padece,
puro resultado,
pura «apariencia»:
el árbol real (lo designado)
puede arder,
ser sujeto y objeto de acción,
entrar en mezclas;

pero no el noema de árbol.

Hay muchos noemas
o sentidos
para un mismo designado:
lucero de la mañana
y lucero de la tarde
son dos noemas,
es decir,
dos modos que tiene de presentarse
un mismo designado
en unas expresiones.

Pero cuando Husserl dice
que el noema es lo percibido
tal como aparece en presencia,
«lo percibido como tal»
o la apariencia,
no debemos por ello entender que se trata
de un dato sensible o de una cualidad,
sino al contrario
de una unidad ideal objetiva
como correlato intencional
del acto de percepción.

Un noema cualquiera
no está dado en una percepción
(ni en un recuerdo o en una imagen),
tiene un estatuto completamente diferente
que consiste en no existir
fuera de la proposición que lo expresa,
proposición perceptiva,
de recuerdo
o de representación.

Del verde como color sensible o cualidad,
distinguimos el «verdear»
como color noemático o atributo.

El árbol verdea,
¿no es acaso, finalmente,
éste el sentido del color del árbol,
y el árbol arborifica,
su sentido global? ¿

Qué es el noema sino un acontecimiento puro,
el acontecimiento árbol
(aunque Husserl no hable así por razones terminológicas)?

Y lo que se denomina apariencia,
¿qué es sino un efecto de superficie?

Entre los noemas de un mismo objeto,
o incluso de objetos diferentes,
se elaboran lazos complejos,
análogos a los que la dialéctica estoica establece entre los acontecimientos.
¿Será la fenomenología esa ciencia rigurosa de los efectos de superficie?
Consideremos el estatuto complejo del sentido o de lo expresado.

Por una parte,
no existe fuera de la proposición que lo expresa.
Lo expresado no existe fuera de su expresión.
Por ello, no puede decirse que el sentido exista,
sino solamente que insiste o subsiste.

Pero por otra parte,
no se confunde en absoluto con la proposición,
tiene una «objetividad» completamente distinta.
Lo expresado no se parece en nada a la expresión.

El sentido se atribuye,
pero no es en modo alguno atributo de la proposición,
es atributo de la cosa o del estado de cosas.

El atributo de la proposición es el predicado,
por ejemplo un predicado cualitativo como verde.
Se atribuye al sujeto de la proposición.

Pero el atributo de la cosa es el verbo,
verdear por ejemplo,
o mejor el acontecimiento expresado por este verbo;
y se atribuye a la cosa designada por el sujeto,
o al estado de cosas designado por la proposición en su conjunto.

Inversamente, este atributo lógico, a su vez,
no se confunde en ningún modo con el estado de cosas físico,
ni con una cualidad o relación de este estado.

El atributo no es un ser,
y no cualifica a un ser;
es un extra-ser.

Verde designa una cualidad, una mezcla de cosas,
una mezcla de árbol y de aire
donde la clorofila coexiste con todas las partes de la hoja.

Verdear,
por el contrario, no es una cualidad en la cosa,
sino un atributo que se dice de la cosa,
y que no existe fuera de la proposición
que la expresa al designar la cosa.
Y de nuevo hemos regresado a nuestro punto de partida:
el sentido no existe fuera de la proposición… etcétera.

Pero ahora no se trata de un círculo.
Es más bien la coexistencia de dos caras sin espesor,
de modo que se pasa de la una ala otra siguiendo su longitud.

De modo inseparable,
el sentido
es lo expresable o lo expresado de la proposición,
y el atributo del estado de cosas.

Tiende una cara hacia las cosas,
y otra hacia las proposiciones.

Pero no se confunde
ni con la proposición que la expresa
ni con el estado de cosas o la cualidad que la proposición designa.

Es exactamente la frontera
entre las proposiciones y las cosas.

En este aliquid,
a la vez extra-ser e insistencia,
este mínimo de ser que conviene a las insistencias.12

Es «acontecimiento» en este sentido:
la condición de no confundir el acontecimiento
con su efectuación espacio-temporal en un estado de cosas.

Así pues, no hay que preguntar cuál es el sentido de un acontecimiento:
El acontecimiento es el sentido mismo.
El acontecimiento pertenece essencialmente al lenguaje,
está en relación esencial con el lenguaje;
pero el lenguaje es lo que se dice de las cosas.

Jean Gattegno señaló claramente la diferencia
entre los cuentos de Carroll
y los cuentos de hadas clásicos:
en Carroll, todo lo que passa
pasa en el lenguaje
y pasa por el lenguaje;
«no nos cuenta una historia,
nos dirige un discurso,
un discurso en varios trozos… ».13

En este mundo plano del sentido-acontecimiento,
o de lo expresable-atributo,
es en donde Lewis Carroll instala toda su obra.

De ahí se desprende la relación entre la obra fantástica firmada Carroll
y la obra matemáticológica firmada Dodgson.

Nos parece difícil afirmar, como se ha hecho,
que la obra fantástica presenta simplemente
la recopilación de trampas y dificultades
en las que caemos cuando no observamos
las reglas y las leyes formuladas por la obra lógica.

No sólo porque muchas de estas trampas subsisten en la obra lógica misma;
sino también porque nos parece que la distribución es de otra clase.

Es sorprendente constatar que toda la obra lógica
concierne directamente a la significación,
las implicaciones y las conclusiones,
y no concierne al sentido más que indirectamente,
precisamente por mediación de las paradojas
que la significación no resuelve,
o que crea incluso.

Por el contrario,
la obra fantástica concierne inmediatamente al sentido,
y la remite directamente la potencia de la paradoja.

Lo que corresponde muy bien a los dos estados del sentido,
de hecho y de derecho,
a posteriori y a priori,
según si se lo infiere indirectamente del círculo de la proposición,
o si se hace aparecer por sí mismo,
desplegando el círculo a lo largo de la frontera
entre las proposiciones y las cosas.

7 Russell, op. cit., pág. 198:
«Podemos decir que todo lo que es afirmado por un enunciado
provisto de sentido posee una cierta especie de posibilidad.»

8 Hubert Elie, en un excelente libro
(Le Complexe significabile, Vrin, 1936),
expone y comenta las doctrinas de Gregorio de Rimini y de Nicolas d’Autrecourt.
Muestra su extrema semejanza con las teorías de Meinong,
y cómo una misma polémica se reproduce en el siglo XIX y en el siglo XIV;
aunque no indica el origen estoico del problema.

9 Sobre la diferencia estoica
entre los incorporales y las representaciones racionales,
compuestas de trazos corporales, véase E. Bréhier, op. cit., págs. 16-18.

10 Véanse las observaciones de Albert Lautman sobre el anillo de Moebius:
tiene «nada más que un lado,
y ésa es una propiedad esencialmente extrínseca,
puesto que para dar cuenta de ella es necesario partir el anillo y destorcerlo,
lo que supone una rotación en torno de un eje exterior
a la superficie del anillo.
Es sin embargo posible caracterizar esta unilateralidad
por una propiedad puramente intrínseca…», etc.
Essai sur les notions de structure et d’existence en mathématiques,
ed. Hermann, 1938, tomo 1, pág. 51.

11 No tenemos en cuenta
el empleo particular que Husserl hace de «significación»
en su terminología,
ya sea para identificarla,
ya para unirla a «sentidos.

12 Estos términos, insistencia y extra-ser, tienen su equivalente en la terminología de Meinong como
en la de los estoicos.

13 En Logique sans peine, op. cit., prefacio, págs. 13-20.

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